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La Compañía Nacional de Danza ya ha hecho su apuesta e incluso tiene nombre: “Work in Progress”. Con este espectáculo José Carlos Martínez, el recién nombrado director de la agrupación que todos pagamos, ha presentado su carta que, desde ya, anunciamos triunfadora. Muchas sombras y dudas se cernían sobre el proyecto, polémicas salidas de tono del otrora director, perspicacias varias, preguntas sin respuestas y un largo etcétera que durante esta semana han sido barridos. El nuevo director ha hecho su trabajo y lo ha hecho bien. Fuente: ociogay.com
En esta primera entrega, la compañía nos propone un viaje singular por cuatro coreografías que exigen el máximo de sus bailarines, a la vez que nos proporcionan un placer visual sin parangón. Empezando por todo lo alto la noche nos sumerge en “Extremely close”, una creación del español Alejandro Cerrudo que conjuga el movimiento limpio en todos sus tiempos. De Cerrudo poco se sabe en las tablas ibéricas, dicen que triunfa por Chicago y su presentación en Madrid no ha podido ser mejor. Ocho bailarines muestran la suavidad del movimiento en unos cuerpos que contienen la explosión, allí no hay copias de otros, el coreógrafo no ha pagado peajes para el éxito. Quizá lo mejor visto en mucho tiempo.
Luego se abre el telón para una versión de “El espectro de la rosa”. Es el turno de Angelin Preljocaj quien recrea el mítico ballet que estrenó Nijinsky en 1911. Probablemente esta coreografía necesite alguna explicación extra para el gran público. Muchos no comprendieron la dualidad, el sueño y la historia. Sin embargo, no podemos hablar de fallo, los aplausos y algún “bravo” la calificaron con nota. Más tarde con “Artifact II” llegó la danza por la danza. Firmada por William Forsythe, los bailarines se enfrentan al reto de la punta, la semipunta y el neoclásico en su más puro estado. Con el efecto adicional de un telón que no para de caer como si la gravedad le pudiera, esta exquisita coreografía mostró la verdadera preparación que tiene la compañía para afrontar retos futuros que todos esperamos.
Y al final, otro apoteosis de movimientos que lleva por nombre “Walking Mad”. Es difícil describir esta creación de Johan Inger que mucho influencia tiene de Jiri Kylián pero con sello distinto; mejor verla, disfrutar cada una de sus aristas que son muchas. En ella, y al ritmo del siempre bien acogido “Bolero”, de Maurice Ravel, se imbrican el humor, la teatralidad, la danza libre, el movimiento puro y una historia que subyace en el corazón de alguien.
Los amantes de la danza están de fiesta en Madrid, el futuro parece generoso para esta nueva etapa de la CND y desde aquí damos la bienvenida a José Carlos Martínez con los brazos bien abiertos. |